Eugenia
Había cumplido 95 el día anterior.
Gran fiesta.
Parientes lejanos, sin nombre ni lazos reconocibles.
Babel de parientes políticos.
Hijos, sobrinos, nietos, bisnietos
(incluso un tataranieto de 6 años).
De su generación… nadie.
Ella sonreía agradecida. Desde muy lejos.
Débil y melancólica frente a la gran torta con una sola vela,
supongo que apenas escuchaba los sonidos nuevos y fríos del home theater.
Eugenia estaba completamente paralizada, en silla de ruedas. Susurraba cosas incomprensibles.
Le cambiaban el pañal todos los días. La bañaban poco (era complicado, embarazoso y humillante).
Por una suma de eventos al azar la familia había encontrado la clave para su alegría actual = sus viejas fotos
(un caos formado durante décadas sobre la que siempre había sido su pared privada).
Imágenes de sus viajes y de sus labores, de amigos ya muertos y de un par de amores imposibles. Muchas que resultan absurdas.
Sepia, blanco y negro, color.
Un mosaico de su mundo,
contaminado por demasiadas caras de niños desconocidos,
que no parecían perturbarla.
También había fotos con su esposo.
Cuando la ubicaban por las mañanas frente a su pared, y ponían sus discos de antiguas canciones con ruido de púa,
a Eugenia
(ese manojo de arrugas secas y pelo ralo)
le renacía la mirada.
Nunca sabré qué pasaba por su mente.
Quizás se refugiaba en su pasado.
Quizás seguía buscando,
esperando por alguna incumplida promesa.
Quizás…
A la mañana siguiente de su cumpleaños simplemente cerró los ojos a sus fotos,
y se fue.
Su cara sin vida se veía tan en paz.
Buck
(lo de la pared es de Cría cuervos, de Saura)
[...] Eugenia http://buckmiller.wordpress.com/2009/11/13/eugenia/ [...]
Los números de 2010 « Buck Miller - enero 7, 2011 a las 7:54 pm |